Incorporar la ética en el acta constitutiva no es solo un gesto simbólico: es una herramienta preventiva y estratégica que fortalece la gobernanza, la reputación y la sostenibilidad del negocio. Para una empresa del sector alimentario como Sabritas, donde la confianza del consumidor y la gestión responsable de la cadena productiva son críticas, formalizar estos compromisos desde la constitución social aporta claridad y protección frente a riesgos legales y reputacionales.
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